Desde el 10 de abril hasta el 31 de julio, pasaron por el Congreso muchos expositores en contra del aborto que brindaron argumentos falaces. ¿Por qué el debate por la legalización del aborto no es una cuestión de ciencia?
Dentro del debate por la legalización del aborto que se ha dado en los últimos meses en Argentina, han pasado por el Congreso de la Nación infinidades de profesionales de la salud que expusieron tanto a favor como en contra del proyecto de ley.
Entre muchos de los argumentos que se escucharon, algunos en contra fueron los que más destacaron por lo que decían. “La extracción quirúrgica del útero materno constituye una verdadera desaparición forzada de personas”; “¿Desde cuando hay un feto y no un niño por nacer?”; “¿Será más persona un feto de 10, ó 12 que uno de 26 semanas? Podemos definir entonces que si no tiene previsto superar una determinada altura, o color de piel, o pelo, tampoco tiene derecho a vivir”; “Cuando una mujer se hace un evatest, el corazón de su hijo ya está latiendo. Comenzó a latir solamente 19 días después de la concepción”.
Como pediatras, ginecólogos, especialistas en embriología, neonatólogos y demás profesionales a los cuales los ciudadanos les depositamos nuestra confianza y credibilidad por tratarse de personas de ciencia, se olvidaron de algo fundamental: el emplear términos adecuados a la hora de informar.
¿Por qué no es lo mismo que digan “feto” o “niño” o “bebé”? ¿Por qué hablar del aborto como asesinato u homicidio es, al menos, erróneo? ¿Por qué esta equivocado creer que si un corazón late, el feto siente dolor? Muchos médicos bioeticistas manifestaron que muchas de esas argumentaciones incurrían en la falacia: mentiras disfrazadas de verdades para convencer a una persona para defender su postura.

El mismo Doctor en Biología Molecular Alberto Kornblihtt expuso en el Congreso que hay que saber diferencias ciencia de dogma. Ningún principio de la ciencia es absoluto e inmutable. Se supone que la ciencia tiene una pretensión de objetividad, y por eso se respetan ciertas convenciones para hacer afirmaciones o argumentaciones y se sigue un método científico. Pero al mismo tiempo se trabaja con definiciones que son propiamente humanas, y en ese sentido, siempre tendrán sesgo.
En esto recae el asunto, ni siquiera la ciencia puede ponerse de acuerdo en el momento exacto en el que comienza la vida humana. Algunos consideran que comienza con la unión del óvulo y el espermatozoide; otros con la implantación del embrión en el seno materno; algunos otros más adelante. El concepto de “vida humana” como lo conocemos, es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos, pero que escapa al rigor del conocimiento científico.
Y, aunque sea totalmente válida la discusión de cuando comienza la vida humana, ¿es esta la que debe darse en el marco legislativo? ¿No deberían dejarse de lado las cuestiones religiosas, las creencias personales o incluso científicas, que han demostrado no llegar a un único acuerdo respecto al tema? Debería primar, entonces, la argumentación de que esto trata de una cuestión de salud pública que afecta la vida de millones de mujeres a lo largo y ancho de Argentina. Y es por esto, que le pedimos a los Senadores que hagan política, dejando sus creencias de lado; que para eso están en el Congreso. Y si realmente están a favor de la vida, legalicen el aborto.
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